¿ESTOY CONECTADO O DESCONECTADO EMOCIONALMENTE CON MIS HIJOS?
Beneficios y Consecuencias de uno u otro
Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja
En la era tecnológica en la que vivimos, hemos logrado superar grandes distancias geográficas en nuestras comunicaciones, pudiendo contactarnos con muchos que están al otro lado del mundo, pero se han acortado las distancias emocionales con quienes están al lado de nosotros. Esa es la gran paradoja de nuestro tiempo que, hace que los que estén lejos físicamente puedan estar cerca y los que estén cerca puedan estar lejos emocionalmente. Así es, como la familia de hoy viene sufriendo un gran atentado contra su cohesión emocional, que dinamita la integración y real unidad de sus miembros. Viven su convivencia con cercanías físicas, pero, con grandes distancias emocionales. Sucede a nivel conyugal y también a nivel parental.
Para que dos personas estén realmente unidas y compenetradas saludablemente es necesario que hayan podido lograr una conexión emocional equilibrada. Hay muchas relaciones que entablamos, pero la conexión más importante, después de la conyugalidad, es la que se produce entre padres e hijos; porque si se produce una desconexión emocional con un amigo o un familiar en general, probablemente solo sufriremos algún malestar pasajero, sin embargo, si se produce un quiebre en la conexión emocional con los hijos se abren puertas para que se desarrollen desordenes o trastornos de personalidad en ellos. Por eso, la importancia de desarrollar y mantener buenas conexiones emocionales con nuestros vástagos, porque gran parte de su futura identidad depende de ellas.
La desconexión emocional se puede producir por factores circunstanciales y/o relacionales. En la primera podemos colocar a la tecnología, que nos brinda grandes beneficios sociales, pero de ser mal manejados puede generar graves perjuicios familiares. Junto a la tecnología, también están las demandas económicas, las presiones laborales, el consumismo, entre otras; todas estas, en conjunto, vienen ocasionando ostensibles distancias emocionales entre los miembros de la familia. Pero, son los factores relacionales insanos, principalmente, los que están produciendo que las conexiones familiares se resquebrajen; entre ellos, la conexión emocional que debe existir entre un padre y su hijo(a). Porque puedo estar físicamente cerca a mi hijo(a) pero muy distante emocionalmente de él o ella. Podemos vivir juntos espacialmente, pero muy lejos afectivamente. Nos vemos corporalmente todos los días, pero casi nunca nos conectamos cariñosamente.
Ahora bien, ¿cómo puede llegarse a esa desconexión emocional entre un padre y su hijo(a)?, ¿cómo identificarlo y cómo superarlo? Además de los factores sociales, son prioritariamente los vínculos insanos de desamor, los que derriban el puente de armonía y conexión que debe existir entre un padre y su hijo(a). Ellos son el rechazo, el control y la desafectividad parental, cuya presencia son los que más producen desconexión emocional. El rechazo se expresa básicamente en ser un padre crítico, que fácilmente descalifica, notando defectos y errores de su hijo(a), pero sobre todo en ser un padre ausente en la vida del hijo, porque trabajo mucho y ando ocupado en mil cosas “para darle lo mejor”. La ignorancia supina no le deja entender que lo que un hijo(a) necesita más de su padre es que, le regale de su tiempo y no de sus cosas. Estas no acercan y hasta pueden alejar, por eso el mayor trabajo es brindarle mi presencia antes que mis bienes.
El control es el segundo vínculo insano que desconecta afectivamente a los padres de sus hijos. Se expresa en conductas de sobre-protección o sobre-exigencias para con ellos. El primer caso es una crianza permisiva donde se produce una sobre-conexión enfermiza que los lleva a una dependencia que coacta su autonomía, dificultándoles valerse por sí mismo. El segundo caso es una crianza autoritaria donde se produce una independencia insana que altera su capacidad de desarrollar vínculos cercanos en el futuro. En ambos casos el hijo(a) se desconecta emocionalmente de sus padres, anidando rabias y rencores contra ellos. En la permisividad, porque se sienten estafados con unos padres que les hicieron creer que el mundo era fácil, siendo todo lo contrario; y en el autoritarismo, porque se dan cuenta de que fueron tratados injustamente.
El tercer vinculó insano que lleva a la desconexión es la desafectividad de los padres. Se refiere a quienes no saben expresar sus afectos con un abrazo, un beso, con una mirada tierna, una palabra dulce, etc. Muchos dicen “yo expreso mi amor a mis hijos a mi manera: dándole la mejor casa, comida, educación, etc”. Pero ignoran, que no se debe amar según lo que yo crea, sino lo que según ellos necesiten. Lo material nunca nos conecta y sumado a la frialdad afectiva levanta grandes murallas de desconexión emocional entre un padre y su hijo(a). Porque el ser un padre alexitímico, es decir, seco, frio, distante y que casi nunca expresa ni brinda cariño, lo convierte en una montaña de hielo del que un hijo(a) busca estar lo más lejos posible. No solo eso, sino que el desierto afectivo en que viva un niño(a), aunque esté rodeado de abundancia material, le hará probable tributario de futuras depresiones.
Además de estos vínculos insanos de desamor existe un factor circunstancial importante de señalar que produce desconexión emocional parento filial y que no es muy tomado en cuenta por los padres. Se refiere a la relación conyugal o post-conyugal en que vivan los padres delante de sus hijos; porque si los progenitores están desconectados emocionalmente, cargados de frustraciones y rencores entre ellos como pareja o expareja, eso afecta inevitablemente la relación con sus hijos. Porque, si como padre ando peleado con la madre de mi hijo, sea que vivamos juntos o estemos separados, eso me desconecta con él o ella, porque un hijo ama a ambos padres y cuando los siente divididos no puede conectarse bien con uno de ellos, porque siente que está traicionando al otro. Se encuentra prisionero de un conflicto de lealtades al que sus padres lo han arrinconado. Por eso, es importante que logre una conexión de respeto y compañerismo, con el otro padre o madre, sea que vivamos juntos o estemos separados, como requisito primordial para lograr una buena conexión emocional con mis hijos.
Teniendo como telón de fondo esa armonía conyugal o post conyugal, es ahora recién que podemos pensar en desplegar nuevos vínculos sanos de amor que puedan contrarrestar aquellos insanos que nos alejan de nuestros hijos. Existen tres vínculos sanos de amor que nos pueden ayudar a lograr una saludable conexión emocional con ellos. Son tres vínculos claves que producen conexión emocional en todas las relaciones humanas. Ellos son la Aceptación, la Confianza y las Caricias sinceras, que es lo que hace que puedan y quieran estar juntos sanamente dos personas. Son elementos claves que permiten la compenetración, unidad y armonía de dos psiquismos diferentes; pero cuando no se producen o se pierden, no logramos funcionar bien ni como amigos ni como pareja y mucho menos en una relación parento filial saludable. Pero aquellos son vínculos sanos de amor con los cuales satisfacemos necesidades de valoración, cariño y reconocimiento respectivamente, elementos esenciales para el desarrollo de una identidad saludable.
La ACEPTACIÓN implica actitudes y acciones sinceras de estimación incondicional al Ser del otro(a), independientemente de su Hacer. Se expresa en respeto y comprensión a nuestro hijo(a) aun cuando no nos guste su conducta. No se le insulta ni se le agrede verbal ni físicamente. Eso es un atentado a su persona y no corrige su conducta. Si ella es incorrecta, no se le deja sin disciplina, pero se hace con tino, corrigiendo su comportamiento errado, manteniendo su dignidad personal intacta. Se le deja en claro que lo que está mal es su conducta y no él o ella como persona. Siempre respetemos su forma de Ser y corrijamos su mal Hacer. Lo opuesto a la aceptación es el rechazo y la crítica, que generan desconexión emocional; pero cuando un hijo(a) se siente aceptado por su padre, a pesar de su mala conducta, se siente más unido y cercano con él. La crítica no solo lo aleja de su progenitor, sino también empeora su conducta. Porque si tratas a tu hijo como un rebelde, no solo se alejará de ti, sino que será más rebelde de lo que ya es. Pero si le brindas aceptación, expresado en comprensión y respeto a pesar de la conducta insana, eso te acerca más a tu hijo, logrando la conexión emocional; y, aún más, lo impele a querer cambiar su comportamiento errado; porque la aceptación siempre abre puertas que invitan a una persona a cambiar.
La CONFIANZA es el otro vínculo sano de amor que lleva a la conexión emocional con nuestros hijos. Es el pegamento clave que une saludablemente todo tipo de relaciones. Es lo opuesto al control y se expresa en confiar y brindar cierta autonomía. Significa aprender a mostrarles nuestra confianza y voto de credibilidad a nuestros hijos, aunque en el fondo creamos que no nos están diciendo toda la verdad; porque la desconfianza explicita solo lleva a que perfeccionen sus mentiras y aumenten nuestras críticas; por ende, a la desconexión emocional. Pero la confianza implícita en nuestro hijo(a), de dejarle ver que creemos en que hará lo correcto, aun cuando esté tentado a hacer lo incorrecto o de hecho lo haga, si sabe que papá y mamá confían en él lo compromete a volver al camino correcto. En cambio, si lo acusamos de mentiroso y rebelde, se volverá más de eso. En la adolescencia ellos reclaman más espacios de autonomía, que los padres por su desconfianza con la calle y con ellos, se las restringen, produciéndose un choque generacional que lleva a la desconexión emocional. Por ello, los padres deben ser lo suficientemente sabios para confiar y brindar autonomía dosificada a sus hijos, entendiendo además que lo necesitan para la construcción de su propia identidad. Por lo tanto, si el hijo(a) adolescente recibe la confianza de su padre, con dosis de autonomía apropiada, eso hace que se conecte emocionalmente más con su progenitor.
Las CARICIAS son el tercer vínculo sano de amor que contribuye en la conexión emocional parento filial. Son caricias físicas durante la niñez: abrazos, besos, gestos, etc y caricias psicológicas durante la adolescencia: elogios y reconocimientos. Ambas actitudes llevan a un profundo acercamiento emocional entre dos personas. Su opuesto es la frialdad afectiva que desconecta. A no pocos padres les cuesta expresar amor a través de caricias, creen que porque se matan trabajando les están demostrando su inconmensurable amor a sus hijos; pero ellos necesitan de ese contacto físico y afectivo de parte de sus padres, porque el contacto emocional de ellos es vital para su desarrollo sano. Un padre frío y poco cálido aleja a su hijo(a), este se mostrará reticente y temeroso de acercársele; pero si es un padre afectuoso y expresivo, tiende puentes para que su hijo(a) se acerque libremente hacia él, se conecte con él, lo cual repercutirá en el crecimiento de una personalidad más segura y estable.
Hay dos momentos claves en la vida de nuestros hijos en la que más debemos cuidar y fomentar la conexión emocional con ellos; es durante la infancia, los dos primeros años de vida, incluido desde el vientre materno, y durante la adolescencia. En el primer caso, el apego seguro o inseguro (Bowlby, 1977), es decir, la calidad del vínculo materno infantil, en la que el niño(a) se puede o no vivenciar atendido y aceptado por mamá, será clave para su futuro desarrollo relacional. Durante la infancia necesita de un apego seguro, que le permita desarrollar buenos sentimientos de pertenencia, pero durante la adolescencia necesita diferenciarse sanamente de sus padres, para desarrollar buenos sentimientos de autonomía. La construcción de una identidad saludable depende de haber desarrollado un balance apropiado entre ambos sentimientos. Por lo tanto, si no hay una buena conexión emocional ni en la infancia ni en la adolescencia, la identidad de un niño(a) se verá gravemente comprometida.
Por ello, el mayor mal que le puedo hacer a un hijo(a) es vivir desconectado emocionalmente con él o ella, por interactuar con vínculos insanos de desamor, como el rechazo, el control y la desafectividad, en sus diversas expresiones; los cuales crean abismos que llevan a un desencuentro emocional parento filial, los que se traducen en sentimientos de vacíos, haciendo de nuestro hijo más vulnerable a desarrollar una personalidad disfuncional, producto de dicho vacío o conexiones insanas. Por eso, la mayor herencia que puedo dejarle a mis hijos no son grandes bienes ni la mejor educación académica, por las que me mato trabajando, que pueden tener su valor, pero que no son lo más importante; porque lo más valioso, de todo lo que puedo dejarle a un hijo(a), es haber conseguido una gran conexión emocional con él o ella. Son vínculos sanos de amor como la Aceptación, la Confianza y las Caricias, que es lo que más necesitan nuestros pequeños. Solo con dichos vínculos podemos lograr una buena sintonía emocional con nuestros hijos, lo que les podrá garantizar una buena salud mental y psicológica, dejándolos listo para enfrentar exitosamente las demandas de la vida.
José Baldeón Valdivia
Psicoterapeuta Familiar
Nota: el presente artículo reúne algunas ideas básicas del libro SIETE PRINCIPIOS PARA GANAR AUTORIDAD CON LOS HIJOS del mismo autor.
https://josebaldeon.com/producto/7-principios-para-ganar-autoridad-frente-a-los-hijos/