TRES ANTICLAVES PARA PERDER LA CONFIANZA CON LOS HIJOS ADOLESCENTES

El Síndrome Parental del Triángulo de las Bermudas que desconectan a los padres con sus hijos

Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja

 

De acuerdo a nuestra experiencia clínica, obtenida de venir observando numerosos casos de relaciones quebradas en la diada padre e hijo(a) adolescentes, hemos descubierto que, hay tres actitudes típicas de los padres que hacen naufragar toda relación sana de confianza que deberían mantener con sus hijos adolescentes. Son tres actitudes a las que hemos llamado El Síndrome Parental del Triángulo de las Bermudas en las relaciones padres con hijos adolescentes; porque los tres constituyen un territorio similar a esa peligrosa área marítima, que se le conoce como el Triángulo de las Bermudas (área geográfica con forma de triángulo situada en el océano Atlántico, entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami); considerada una zona en el que se suscitan extrañas desapariciones de muchas embarcaciones, sin explicación alguna y que pareciera tragarse a sus visitantes. Independientemente de si es una leyenda o es verdad queremos usarla como una metáfora en las relaciones de padres con hijos adolescentes.

 

Usando esta metáfora, creemos que también hay tres puntos o actitudes parentales que forman un triángulo relacional peligroso, que puede tragarse por entero toda la embarcación de confianza entre padres e hijos desarrollada durante la niñez. Es un síndrome que reúne un conjunto de actitudes parentales que deterioran el vínculo de confianza que debe sostener dicha relación, produciéndose un desencuentro emocional entre padres e hijos. Son la triple C tóxica que va a dinamitar la barca de la confianza de los hijos hundiéndolo en un mar de desconfianza con sus padres. Son las tres cosas que más aborrecen todos los adolescentes: el Control, la Crítica y la Comparación; y que lamentablemente es, precisamente, lo que más hacen la mayoría de padres. No hay malas intenciones, pero sí mucha torpeza en las acciones.

Todos los hijos cuando llegan a la adolescencia reclaman más espacios de libertad y muchos padres no están dispuestos a dárselos, aducen lo peligros que hay, por lo que ejercen más control: no hagas eso, no salgas, no puedes ir, etc; esto, a su vez, llevará a los adolescentes a romper normas y límites, creando enfrentamientos con su progenitor. El efecto de dichas transgresiones lleva al segundo vértice, el de la crítica: eres un irresponsable, malcriado, un bueno para nada, todo lo haces mal, etc; llevando a los padres a descalificar la persona de su hijo, sin diferenciarlo de su conducta. Maltratan su Ser sin separarlo de su Hacer. Si a ello se le suma la comparación –como cuando los padres comparan la conducta mala de sus hijos con la supuesta conducta buena de un amiguito, un primo o, lo que es peor, con la conducta buena que ellos como padres dicen haber tenido a esa edad– que es también una crítica soterrada en la que se le comunica al joven que está mal en relación con otros que están supuestamente bien; así, estaremos terminando de entrar en ese mar triangular nefasto en el que naufragará la barca relacional de confianza que debe existir entre padres e hijos.

 

Los padres que hacen navegar su autoridad en el Triángulo de las Bermudas -con más control, crítica y comparación- creyendo que de esa manera lograrán que su hijo(a) adolescente cambie y se comporte mejor, se equivocan completamente, porque el efecto será todo lo contrario y totalmente pernicioso. Lo que se logrará, con dichas actitudes erróneas, será desarrollar en el/la adolescente una de estas dos formas de ser: una identidad servilista y complaciente, con una personalidad bloqueada, o una identidad rebelde y violenta, con una personalidad conflictiva. Sea lo uno o lo otro, desarrollada en complicidad con su temperamento, dejará hondas heridas en la identidad de los hijos. Ellos se sentirán maltratados y humillados, acumulando rabia contra sus padres. Es cierto, que los hijos son campeones en enojar a los padres, pero ellos son doblemente campeones en provocarles ira, cuando actúan con este síndrome de actitudes nefastas, lo cual los distanciará mucho más entre ellos.

 

Hay dos consecuencias perniciosas de ingresar en este triángulo malévolo. El primero es que genera resentimiento en el corazón de los hijos. Dicho rencor es una ira reprimida que llevará a la autoagresión o a la agresión externa. Esa rabia interna es la que explica el carácter insano de muchos adolescentes. El segundo es que genera desconexión emocional entre padre e hijo(a). La rabia contenida es la que produce un abismo de distancia entre ambos. Pueden estar muy cerca físicamente, pero están muy lejos emocionalmente. Escasea la confianza mutua, pero sobra la rabia expansiva. Esto es peligroso porque si los hijos se desconectan de los padres -desconfiando de ellos- entonces, se conectarán con cualquiera, pudiendo entregar su confianza a personas que los pueden dañar.

 

Hacer navegar nuestra autoridad como padres en las aguas turbulentas del triángulo de las Bermudas es la anticlave precisa para perder la confianza de los hijos adolescentes, que es una forma de perderlos también como hijos; porque una autentica relación familiar no sólo se sustenta en la ligazón sanguínea, sino que principalmente se logra en la conexión emocional que puedan alcanzar. Controlando, criticando y comparando a un hijo es la forma precisa de alejarlos emocionalmente de sus padres. No hay nada que distancie más a un padre de su hijo(a) que el rencor que se anide en el corazón de este. Dicho rencor es lo que más produce la desconexión emocional entre ambos. En vez de construir un puente de confianza que los una, se ha abierto un abismo de resentimiento que los divide.

 

    Controlar + Criticar +  Comparar  =  Desconfianza (desconexión emocional)

 

¿Quiere perder la confianza de su hijo?, ¿desea abrir una distancia emocional con él o ella?, ¿quiere formar una identidad depresiva o rebelde en sus hijos? Es fácil, ingrese o manténganse en el territorio del Triángulo Parental de las Bermudas donde naufragará toda la confianza, el respeto y el afecto que sus hijos le hayan tenido. Pero si desea abandonar ese territorio y desea recuperar o ganar la confianza y la conexión emocional con sus hijos deberá actuar de manera opuesta. Porque, si hay tres anticlaves para perder la confianza de los hijos, hay también tres claves para ganarlo. De eso abordaremos en el próximo artículo.

José Baldeón Valdivia

Psicoterapeuta Familiar

 

Nota: el presente artículo reúne algunas ideas básicas del libro SIETE PRINCIPIOS PARA GANAR AUTORIDAD FRENTE A LOS HIJOS del mismo autor.

https://josebaldeon.com/producto/7-principios-para-ganar-autoridad-frente-a-los-hijos/

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