EL REGALO DE PERDONAR A PAPÁ

Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja

Tal vez el rencor más común que almacenamos en el alma es contra uno o ambos padres, aunque muchas veces lo queramos negar. Se supone que son los que mas nos deben amar, pero no pocas veces, por ignorancia o por estar heridos, fueron ellos los que más nos hirieron; conviirteindose en las personas las que más tenemos que perdonar. Un ejemplo claro al respecto, lo podemos encontrar en la historia conmovedora del afanado cantautor argentino Facundo Cabral en su relación con su padre. La Unesco declaró en 1996 a este autor como un «Mensajero mundial de la paz» y fue nominado al premio Nobel de la Paz en 2008. Cabral no solo fue un cantautor, sino también poeta, escritor y filósofo. Aunque compuso canciones y algunas de estas trascendieron a nivel hispanoamericano como «No soy de aquí ni soy de allá», su obra también consistía en contar historias con una estética que entremezclaba la crítica social, sátira, misticismo, cristianismo, anarquismo, optimismo, hedonismo y libertad.

 

Muy pocos saben lo que está detrás de la famosa frase de su canción «No soy de aquí ni soy de allá…», y en verdad es una historia que tiene que ver con un sentimiento tan noble como el amor, expresado en el perdón. Se cuenta que un día antes de su nacimiento, su padre se fue del hogar. Su madre y sus otros seis hermanos vivían en casa del abuelo paterno de Facundo Cabral, quien expulsó al resto de la familia. Cabral afirmó varios años más tarde que su nacimiento se produciría en una calle de la ciudad de La Plata. No tuvo un techo donde nacer, de ahí lo de “No soy de aquí ni soy de allá”. Nació y vivió como un marginado, como fiel presagio de lo que más adelante la vida le depararía: sinsabores, lucha y mucho aprendizaje, tallando el alma del gran apóstol musical en que se convertiría con el tiempo.

Cabral tuvo una infancia dura y desprotegida; se convirtió en un marginal al punto de ser encerrado en un reformatorio, pues, se había convertido en alcohólico desde los nueve años de edad. Escapó y luego cayó preso a los 14 años por su carácter violento. En la cárcel, un sacerdote jesuita de nombre Simón le enseñó a leer y escribir, lo puso en contacto con la literatura universal y lo impulsó a realizar sus estudios de educación primaria y secundaria. Un año antes de cumplir su condena, Cabral escapó de la prisión, pero eso no fue óbice para seguir recibiendo la ayuda del sacerdote jesuita. Gracias a un vagabundo, Facundo conoció la religión, aunque declarándose librepensador, sin pertenecer a iglesia alguna. Poco después, se inició en el medio artístico como músico y cantante.

 

Una noche, tras terminar un concierto, Facundo con 46 años encima, se llevó una gran sorpresa, en el pasillo lo esperaba su padre. “Lo reconocí porque era igual a la foto que mi madre siempre había guardado, pero con el pelo cano. Lo reconocí en el acto, porque siempre vi esa foto”, contaba Cabral. “Mi padre era muy apuesto. Todo lo contrario a mí, era muy elegante. Estaba allí y me quedé congelado”. Este era el primer encuentro con su padre, ¿se imaginan la tormenta de emociones, pensamientos y nervios que azotaban dentro de aquel hombre que paseaba su música por el mundo pregonando la paz, el perdón y el amor? ¿Qué hacer? ¿sería coherente en aplicar lo que predicaba? Antes Cabral había dicho sobre su progenitor: “Mi padre agotó el odio que había acumulado en mí, lo odié profundamente, había dejado sola a mi madre con siete hijos. Murieron cuatro de hambre y frío. Tres sobrevivimos de milagro”. Y ahora estaba frente a él, con todo el derecho de decirle todo lo que su corazón lo odiaba.

En ese momento, el recuerdo de las palabras de su madre retumbaron en su cabeza: “vos que caminás tanto, algún día te vas a encontrar con tu padre. ¡No cometas el error de juzgarlo! Recuerda el mandamiento: honrarás al padre y a la madre. Segundo, ese hombre que vas a tener enfrente es el hombre que más amó, más ama y más ha amado tu madre. Tercero, lo que corresponde es que le des un abrazo y las gracias porque por él estás gozando las maravillas de Dios en el mundo”. Con eso en su mente, dejemos que el desenlace de dicho encuentro nos lo cuente el mismo Facundo: “Por eso cuando vi a mi padre nos acercamos, nos abrazamos y fuimos grandes amigos hasta el final de sus días. Aquella vez me liberé, dije: ‘Mi Dios, qué maravilloso es vivir sin odio’. Me costó años perdonar y pude hacerlo en un segundo. Y me sentí tan bien”.

 

Es maravilloso vivir sin odio y más maravilloso es vivir con amor. Sentir lo uno como lo otro no depende exactamente de las circunstancias que vivamos, sean buenas o malas, sino de la actitud que asumimos frente a lo que vivimos. Podemos elegir transitar por el camino del odio o tomar la ruta del amor. Todo es una decisión. Puedo decidir quedarme atrapado en el remolino del rencor o seguir el sendero del amor, embarcándome en El Viaje del Perdón. Puede ser legítimo sentir una rabia inmensa frente a un maltrato recibido, pero es ilegitimo mantenerla en el tiempo, porque antes que dañar a mi agresor, me dañaré a mí. Por lo tanto, reordene mi vida, abandonando el camino de los resentimientos, para seguir la ruta del amor, expresado en el perdón.

 

José Baldeón Valdivia

 Psicoterapeuta Familiar

 

Nota: el presente artículo reúne algunas ideas básicas del libro EL VIAJE DEL PERDÓN del mismo autor. https://josebaldeon.com/producto/el-viaje-del-perdon/

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