MENOS TECNOLOGISMO, MÁS PRESENCIA PARENTAL

Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja

La llegada de los hijos a la adolescencia siempre acarrea cierta crisis al interior de la familia. Pero debemos asustarnos, solo si no hay crisis o si esta se vuelve inmanejable; porque todo cambio y crecimiento demanda un grado de crisis que permita el desarrollo. Y la adolescencia es sinónimo de crisis, por los cambios que dicha etapa conlleva; pero es una crisis saludable y de crecimiento, porque se está avanzando de una etapa a otra. La adolescencia es el puente que todo ser humano debe cruzar, se deja atrás la niñez para entrar al territorio de la adultez; tránsito que los padres deben saber acompañar sabiamente a sus hijos, para que no se queden estancados en el camino y puedan alcanzar la madurez respectiva que la vida adulta connota.

 

Un acompañamiento sabio significa un ejercicio eficaz de la autoridad que se tiene; sin olvidar, que muchas veces, una rebeldía desbordada es producto de una autoridad fracasada; lo que significa que, si podemos reestructurar nuestra autoridad, podemos neutralizar una rebeldía desbocada. Toda autoridad saludable es aquella que sabe enseñar, antes que mandar. La imposición genera rebeldía, pero enseñar promueve la obediencia. Y, entre otras cosas, hay dos principios claves con que los padres deben instruir a sus hijos, desde niños, pero sobre todo en la adolescencia, para hacer de ellos unos verdaderos triunfadores. 

La tecnología, con todas sus bondades y ventajas, tiene también un poderoso lado oscuro que viene secuestrando la mente de nuestros hijos sin que nosotros los padres nos demos cuenta de las graves consecuencias que todo esto acarrea para sus vidas; y, lo peor de todo es que, casi no hacemos nada para evitarlo. Los móviles, las computadoras portátiles y las tablets están hoy más cerca de los niños que sus propios padres. Los hijos conocen más de los contenidos que hay en las redes que lo que piensan y sienten sus padres. Estos, absorbidos por la vorágine laboral de una sociedad hiper-consumista que los impulsa a conseguir más cosas, vienen paulatinamente claudicando en su tarea prioritaria de formar la identidad de sus hijos, dejando que internet lo haga, sin asumir el rol que les corresponde.

Casi no hay duda que la influencia del Internet hoy en la vida de los hijos es notoriamente mayor que la de sus propios progenitores. La tecnología está moldeando más la identidad de los niños que sus propios padres. Es fundamental tomar conciencia de ello y comprender que no se trata de alejar a nuestros hijos de la tecnología, sino de acercarnos más a ellos como padres; porque la solución no está en dejar de regalarles algunos objetos tecnológicos, sino en ser capaces de regalarles nuestro tiempo a través de espacios fructíferos y aleccionadores; que más allá de entregarles cosas, tengamos la disposición de entregarnos a nosotros mismos; porque lo que más educa a un hijo, no es lo que yo tenga para darle, sino lo que yo soy para modelarle.

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