DESENREDANDO LOS NUDOS DEL ALMA
Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja
Existe una relación íntima y directamente proporcional entre el mundo interior: psiques y soma (cuerpo), con mi mundo exterior: relaciones interpersonales y proyectos laborales. Muchas veces me encuentro mal interiormente, porque me va mal exteriormente en el presente; pero más de las veces puede irme mal externamente, porque estoy mal interiormente, producto de mis heridas del pasado. Hay una influencia mutua y recíproca entre ambos mundos. Si hay caos en mi mundo interior se reflejará en el caos de mi mundo exterior. Es inevitable que mis actitudes internas afecten mis circunstancias externas.
Durante la infancia es el mundo exterior, principalmente mi marco familiar, el que influenciará más profundamente en el mundo interior de nuestra psique; pero en la vida adulta, ya programado mentalmente, con un software parento-social, será mi mundo interior el que influya más en mi mundo exterior. Durante la niñez, el mundo relacional con mis padres moldeará la identidad de mi mundo interior; pero de adulto, dicha identidad moldeará mi mundo exterior, si no pude cambiarla. Nos va bien o mal en la vida, ya de adultos, no por un asunto del azar o las circunstancias, sino principalmente por un tema de identidad. La mayoría de veces, lo que acontece en mi mundo exterior es el fiel reflejo de lo que sucede en mi mundo interior; por lo tanto, si queremos que nos vaya bien por fuera, tenemos primero que sanar lo que nos pasa por dentro. El equilibrio interno es lo que puede garantizar mi estabilidad externa.
Muchos conflictos psicológicos y somáticos, que se producen en mi mundo interior, expresados en síntomas o problemas psicológicos, llámese depresiones, ansiedades, adicciones, etc., u otras enfermedades del alma, incluido los trastornos de personalidad más complejos, tienen un origen concreto en aquellas experiencias relacionales negativas con mi mundo exterior, acaecidos durante mi infancia; y que fueron mal asimiladas o que hasta ahora no pueden superarse, ya sea porque la persona no suelta algo que le hace mal y persiste en ello, o porque significó un shock traumático que abrió una herida psicológica, cuya resolución demanda de una intervención terapéutica profesional.
Pero vamos a centrarnos más en aquellos problemas psicológicos que la persona podría resolver por sí misma, pero que no sabe o principalmente no quiere o le cuesta hacerlo, generándose un nudo en el alma que la puede llevar a un grado de desequilibrio mental, emocional y biológico, sobre el cual se van a cimentar algunas enfermedades psíquicas y somáticas. Dichos nudos pueden producirse por conflictos inter-sociales o por conflicto interpersonales, afectando el mundo interior de la persona. Por ejemplo, pensemos en algunos conflictos inter-sociales: un despido laboral, un fracaso financiero, un proyecto comercial truncado, etc que no es bien asimilado, ya sea porque la culpa o el orgullo nos aprisiona, sin poder superarlo. Ello nos producirá una alteración neuro-cerebral, pudiendo expresarse en forma de estrés, lo cual nos llevará a desarrollar conflictos psíquicos como depresión, ansiedad, etc. que pueden devenir también en conflictos fisiológicos: malestar estomacal, taquicardia, problemas de piel, etc.
Por otro lado, están los conflictos interpersonales irresueltos que también pueden enfermar; las experiencias relacionales negativas de la infancia son las más perniciosas, porque la más grande necesidad que tiene todo ser humano es la de amar y ser amado, siendo que cuando el amor se altera y se bloquea, la persona enferma (Maturana, 1993). Pero, en la vida adulta las relaciones sentimentales negativas es uno de los conflictos más comunes en afectar la salud emocional y física de una persona. Pensemos, por ejemplo, en una esposa enamorada y hasta dependiente del amor del esposo, siendo este indiferente y maltratador sutil, pero ella se resiste a dejarlo o, por lo menos, tomar distancia emocional de él, ya que la situación amerita; al no hacerlo, se forma entonces, un nudo en su alma, que al no poder superar el conflicto interpersonal, este se convierte en un conflicto psíquico, llámese depresión o ansiedad, que de no superarse también se convertirá en un conflicto somático, expresada en diversas enfermedades, empezando por el típico dolor de cabeza, problemas de piel u otras de acuerdo a la vulnerabilidad fisiológica de la persona.
Otros casos pueden ser cuando se mantiene una relación de enamorados o de pareja conflictiva, cargada de muchas peleas, o también mantener relaciones sociales conflictivas con un familiar, un amigo, un compañero, etc. que generan emociones negativas tales como resentimiento, envidia, cólera, fastidio, etc. que definitivamente alteran el equilibrio sano del funcionamiento cerebral, aumentado el cortisol y disminuyendo la serotonina, entre otros muchos neurotransmisores (sustancias químicas que inducen nuestros estados anímicos y comportamientos), haciendo que ese desequilibrio en las relaciones humanas produzcan un desequilibrio bioquímico en el cerebro; llevando a su vez a un desequilibrio psíquico, pudiendo terminar en un desequilibrio biológico, expresado en enfermedades psicosomáticas.
Conflicto social conflicto conflicto conflicto
o interpersonal cerebral psíquico somático
Una persona puede pasarse la vida visitando a un psiquiatra para tratar su depresión y ansiedad, y también a un médico para que le sane de alguna enfermedad física, obteniendo muy pocos resultados; por la sencilla razón que, se está combatiendo los síntomas, pero no la enfermedad de fondo que subyace a ellos. Su origen reside en los vínculos insanos en que vive y, por lo tanto, su sanidad está supeditada a sanar dichas relaciones. Por ejemplo, terminar con una relación sentimental que hace daño, o dejar de construir mi mundo basándome en una persona, o rompiendo dependencias enfermizas, o pedir perdón y perdonar, independientemente quien sea el responsable y restaurar la relación familiar, amical o laboral con otros, lo cual también puede significar tomar distancia física en algunos casos, son formas de desenredar el nudo. Dichas acciones implican una profilaxis en nuestras relaciones humanas, que puede demandar que nos alejemos de ciertas personas tóxicas, dejándolas ir tanto de nuestra mente como de nuestras emociones y finalmente de nuestras vidas, erradicando así “amores” enfermizos, rencores, celos, obsesiones, antipatías, etc. que son los nudos que nos enferman y que, de no desenredarse, se traducirán en síntomas clínicos de enfermedades psíquicas y/o físicas.
Nadie dice que sea fácil hacerlo, pero tampoco es difícil, todo empieza despertando en nosotros ese gigante, que puede llevarnos a grandes logros en la vida, que se llama voluntad. Ni la mente ni las emociones deben dominarla; por el contrario, ellas tienen que estar supeditadas a aquella. Y la mayor expresión de la voluntad es tomar grandes decisiones en la vida y saber mantenerlas a pesar de las presiones. Implica decidir cortar con una relación enfermiza, decidir perdonar al ofensor, decidir alejarme de lo que me hace daño, etc. Nada debe quedar ambiguo e indefinido, ni mucho menos postergado, o serán los insumos básicos de los cuales se alimenten las futuras enfermedades del alma y del cuerpo.
Muchas personas saben lo que tienen que hacer, pero no toman la decisión de hacerlo, porque tienen miedo a sufrir o viven con la falsa ilusión de que al hacerlo será más lo que perderán; pero todos deberíamos entender que el camino del crecimiento personal y social demanda subir la cuesta empedrada del sufrimiento y que no hay atajos para avanzar en la vida. Comprender esta verdad y decidir asumirla, es el inicio del cambio; porque mejor es sufrir para alcanzar el cambio, que sufrir por mantenerlo todo igual. Hay sufrimientos inútiles que nos paralizan y desgastan, por no tomar la decisión de cambiar; pero hay sufrimientos útiles en la vida, basados en buenas decisiones, que nos impulsan a crecer y ser mejores personas.
Sólo las grandes decisiones en la vida nos permiten obtener grandes logros en ella; y una de esas grandes decisiones es cortar y superar todos aquellos conflictos interpersonales y sociales que la vida nos presenta. Ella está llena de conflictos y desafíos a los que hay que enfrentar tomando buenas y grandes decisiones, no dejándonos envolver en la vorágine de emociones tóxicas, sino activando nuestro gigante volitivo, reestructurando nuestros pensamientos, los cuales nos llevaran a mejores puertos de sanidad y progreso en la vida.
No puedo esperar que me vaya bien en mi mundo exterior, si me va mal en mi mundo interior; porque muchas veces el fracaso y el caos de mi mundo exterior no es otra cosa que el fiel reflejo de la inestabilidad y caos de mi mundo interior. Por lo tanto, destacar y progresar en mi mundo externo demanda primero poder sanar y estabilizar mi mundo interno, que implica tener bien ordenada “la casa propia”. Pero, pasa que ambos mundos se influencian mutuamente, lo que significa que tomar grandes decisiones para ordenar mi mundo exterior, repercute positivamente en ordenar mi mundo interior; porque si hay un desequilibrio en aquel, inevitablemente producirá un desequilibrio en este, traduciéndose en enfermedades psíquicas y somáticas.
El desafío final es aprender a lidiar, permanentemente, por tener bien ordenado tanto mi mundo exterior como mi mundo interior, manteniendo relaciones sanas tanto con los demás como conmigo mismo, alejándome de las relaciones insanas. Todo en la vida es un equilibro, el universo mismo se sostiene sobre la base de ciertas leyes que lo estabilizan, de tal manera que debemos guardar un equilibrio externo en nuestras relaciones interpersonales-sociales, como interno de nuestras emociones, mente y voluntad, si es que queremos disfrutar de una vida más plena, signada por una salud integral y matizada por el progreso personal.
José Baldeón Valdivia
Psicoterapeuta Familiar