EL LADO OSCURO DE LA DEPRESIÓN ADOLESCENTE

¿Un problema del joven o de la familia?

Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja

Ella es Natalia, una joven de 15 años, alta, de buena presencia, un poca gruesita (come mucho por ansiedad) y ha sido diagnosticada de depresión por un psiquiatra del hospital Noguchi. Ella vive con sus padres y sus dos hermanos mayores: Elsa de 22 años, trabaja y estudia en la universidad, y Manuel de 19 años también estudia y trabaja. Sus padres tienen un negocio que les demanda trabajo casi a tiempo completo, sobre todo desde hace dos años, en la que asumieron deudas bancarias. La adolescente llega a mi consulta porque ha tenido un amago de intento de suicidio, y es la tercera vez que lo hace; aunque siempre fueron acciones impulsivas, pero no tan decididas, porque obviamente lo que buscaba era llamar la atención antes que matarse de verdad. Su depresión no ha llegado a la fase de intentos de suicidio real, sólo son pensamientos con actuaciones controladas de suicidio, lo que no quiere decir que no pueda llegar a intentarlo de verdad.

 

El tratamiento psiquiátrico se ha limitado a un tema puramente médico, en la que se le ha recetado antidepresivos y ansiolíticos, con los cuales se busca controlar los síntomas de su depresión, pero que definitivamente no la van curar plenamente, aunque algunos psiquiatras piensen que sí. Ningún problema psicológico abordado solamente con psicofármacos garantiza la recuperación plena del paciente; porque sólo son paliativos eutimizantes, necesarios en casos de emergencia, pero que a mediano plazo sólo tienen efectos temporales, que después de un tiempo volverán a traer al paciente a la consulta, con el riesgo de que la depresión se cronifique. Y esto es así, cuando sólo se trata con los síntomas y no con las causas que lo originan.

Un abordaje efectivo de la depresión, como de otros trastornos psicológicos, no se reduce sólo a combatir síntomas; lo cual puede hacerse en un primer momento, como medida neutralizadora, sino que hay que descubrir los factores que están produciendo el desbalance bioquímico del cerebro, que son los verdaderos responsables de la depresión. No negamos que hay un problema médico que demanda atención farmacológica, en el caso de una depresión fuerte, mucho más si hay amagos de suicidio, como era el caso de Natalia; pero lo que queremos enfatizar, y esta es nuestra crítica a la psiquiatría convencional, es que muchas veces sólo busca combatir los síntomas, sin reparar para nada en los factores relacionales que lo originaron.

Nuestra propuesta terapéutica, desde el enfoque de la terapia familiar sistémica, es abordar los problemas psicológicos en general, y la depresión en particular, examinando las bases relacionales del marco familiar en la que convive el paciente. Un sistema es un conjunto de elementos que interactúan y se afectan entre sí (Ludwing Bertalanffy, 1954); y en ese sentido la familia es también un sistema cuyos miembros interactúan entre ellos, esbozando relaciones que pueden girar dentro de un rango nutricional de amor hasta uno tóxico de desamor, permitiendo que la personalidad de los hijos crezcan sanamente o sufran de algún trastorno.

Gran parte de la psiquiatría tradicional, imbuida de una ideología biologicista, interesadamente alentada por una industria farmacéutica, en la que poco le importa la recuperación plena de un paciente, pero sí mucho en que consuman sus productos, visualiza los problemas psicológicos como un asunto puramente bioquímico; y, por lo tanto, la solución que proponen es meramente médica, a través de pastillas, en la que los grandes laboratorios farmacéuticos quedan felices de aportar. Pero, en la mayoría de los casos eso es pan para hoy y hambre para mañana; porque, como ya dijimos anteriormente, sólo son bálsamos que controlan temporalmente los síntomas, pero que no lo eliminan plenamente. Son bomberos que apagan un incendio, pero que no les interesa saber qué es lo que produce el incendio. Se quedan centrados en el desbalance bioquímico, pero no se preguntan qué factores están produciendo dicho desbalance. Es ahí donde el enfoque sistémico entra con su teoría, tratando de descubrir dichos factores.

La terapia familiar sistémica, sobre todo desde el enfoque de la nutrición relacional (Linares, 2012), propone que detrás de todos los trastornos psicológicos de personalidad, hay unas bases relacionales disfuncionales que la originan. Es decir, si hay una depresión en el adolescente, no sólo es un problema bioquímico de desbalance de serotonina, que hay que solucionar con pastillas; sino, que sobre todo, es un problema en las relaciones familiares, que pueden estar siendo tóxicas, y que es lo que explicaría dichas descompensaciones. Por lo tanto, el abordaje psicoterapéutico demanda que, antes que tomar pastillas, que pueden ser necesarias en caso de emergencias para estabilizar al paciente, podamos examinar cómo discurren las relaciones interpersonales al interior de su familia y descubrir las pautas interacciónales insanas que puedan estar generando los síntomas depresivos.

Volviendo al caso de Natalia, vamos a sumergirnos ahora en su mundo familiar para intentar descubrir el origen y mantención de su depresión. Ella señala que se siente muy sola, sobre todo desde hace dos años, que coincide con la mayor demanda de trabajo en el negocio de los padres; sale del colegio temprano en la mañana y llega a su casa como a las 4 pm y no encuentra a nadie en casa, pasan las horas estando sola, hasta eso de las 8 pm en que casi todos empiezan a regresar, pero que al mismo tiempo es como si no lo hubieran hecho. Su hermana mayor come y se encierra en su cuarto, porque tiene mucho que estudiar; su otro hermano de 19 años es de carácter muy frío y distante, Natalia ha intentado abrazarlo algunas veces y éste la ha rechazado. Su hermana mayor dice que es más cariñosa, pero nunca tiene tiempo para dárselo. Su padre es un hombre, al igual que el hermano, que sufre de alexitimia, frío y seco, que no sabe expresar emociones de afecto; Natalia lo abraza, pero él no, apenas le agarra su cabecita, además siempre está cansado, porque trabaja mucho.

Comenta que la madre es más cariñosa, pero es muy ocupada y anda de mal genio, porque los hijos no colaboran con las tareas del hogar y ella tiene que hacerlo todo; por lo tanto, le queda poco tiempo para brindar nutrición afectiva a su hija. Se suma a ello el hecho que sus padres tienen una deuda alta con un banco, lo que los obliga a trabajar mucho y tener poco tiempo para los hijos; los mayores ya no lo necesitan mucho, pero la adolescente definitivamente sí. Ese es el marco familiar en el que vive Natalia, en donde respira una atmósfera relacional profundamente deprivadora de afecto. Ese es el lado oscuro de la depresión de una adolescente como Natalia. Ella transita en un desierto afectivo en la que no se siente amada por su familia, aunque ellos digan que sí la aman, experimentando una profunda sensación de soledad que se traduce en sus palabras “mis hermanos viven cada uno en su mundo y mis padres también, siento que no tengo a nadie importante a mi lado” y que podríamos agregar que “yo no soy importante para ellos”.

La Terapia Narrativa Centrada en el Amor (TENCA) postula, como su tesis central, que el desamor nos enferma, el amor nos sana. La experiencia de desamor, expresada en esa distancia afectiva familiar, en la que vive Natalia, es el caldo de cultivo de su depresión. Dicho desamor la llevan a experimentar dos tipos de sentimientos: soledad y rechazo. No sólo no se siente acompañada, sino que se siente rechazada por sus seres más queridos, ya que el trabajo de sus padres y el estudio de sus hermanos son más importantes que ella. Y una prueba de esa dinámica familiar disfuncional, marcada por el desamor, la podemos reproducir en la consulta psicológica que solicitan. La que trae a consulta a Natalia no son sus padres, como hubiéramos esperado, sino que quien la trae es una tía, porque aquellos “tenían mucho trabajo”. Su hija se había intentado suicidar hace unos días y sus padres no estaban ahí acompañándola para averiguar lo que le estaba pasando, el trabajo era más importante que su propia hija. Una vez más la soledad y el rechazo se hacían presente ostensiblemente en su vida. Es en ese desierto afectivo donde podemos encontrar el origen de su depresión. Lo que no se puede verbalizar en palabras se expresa en síntomas, como es la depresión en este caso.

Natalia es una hija “huérfana” con padres vivos. Sufre una profunda orfandad afectiva con unos padres ausentes. Desde hace más de un año ella empezó a experimentar ansiedad por comer mucho, dificultad para dormir y ataques de llanto en el colegio, por lo que ya no quería ir a su escuela, despertando la molestia y la rabia de sus padres, a tal punto que un día la agarraron a correazos para que vaya al colegio. No se habían enterado hasta ahora de sus ataques de llanto ni de sus insomnios, ni de la desazón interna en la que ella vivía. Al maltrato psicológico del desamor en la que ya vivía, por el rechazo afectivo que Natalia experimentaba de su familia, se sumó el maltrato físico de las correas. Exigían de ella que cumpla con sus funciones escolares, pero ellos como padres no cumplían con sus funciones parentales de nutrirla afectivamente ni hacerla sentir importante; ni siquiera con la depresión, que era su forma de protestar de Natalia, se dieron por enterados.

Los seres humanos somos criaturas amorosas y cuando se interfiere el amor sin poder recibirlo, enfermamos (Maturana; 1993). Natalia no recibía amor, por más que sus padres pudieran decir que la aman, dicho amor no llegaba a ella; era natural, entonces, que enfermara de depresión, aunque su patología pudo ser peor. Una teoría sobre el origen de la psicosis o la locura, propuesta por diversos autores, como la teoría de la Desconfirmación de Juan Luis Linares (2012), señala que cuando una persona se vivencia que no existe para sus seres queridos y más significativos de su vida, experimenta sentimientos de no ser nadie, y como no puede vivir con esa angustia, escapa, como un medio compensatorio, a un mundo irreal en la que se cree Napoleón, Jesucristo o alguien importante, en la que ahora sí siente que es alguien.

No fue ese el destino de Natalia, porque entre otros factores, frente a una familia tan deprivadora en afecto, el ecosistema sabio casi siempre genera mecanismos compensatorios de afecto, como en este caso fue la aparición de una tía suya (hermana de la madre) que le brindó todo el soporte amoroso que pudo, constituyéndose en una gran contención que evitara mayores estragos en su personalidad; aunque claro, no fue suficiente. La ausencia de amor o desnutrición afectiva de los padres, de acuerdo a una determinada intensidad, puede generar grados de psicosis; la presencia afectiva de la tía en la vida de Natalia pudo salvarla de ello; aunque, no pudo librarla de la depresión, un mal menor en comparación al otro.

Otro elemento compensatorio en la vida de Natalia fue un gatito que por casi 10 años la venía acompañando, como un refugio afectivo, que cada tarde al llegar de su colegio la recibía desde la ventana con señas de alegría. Pero el gatito un día murió y fue como el detonante de su crisis depresiva. Fue al psiquiatra, recibió antidepresivos y se calmó. En el futuro Natalia podría sufrir otro tipo de pérdidas: un enamorado, unos estudios, un empleo laboral, etc. que gatillen otra vez su depresión, si es que ésta no es combatida desde sus orígenes, convirtiéndola en una depresiva crónica, que viva aparentemente tranquila, pero sin disfrutar de la vida, y tenga picos de crisis ante eventuales adversidades o reveses inevitables que le toque enfrentar.

Si es que hoy en su adolescencia no dinamitamos los cimientos en los que se asienta la depresión de Natalia, estaremos dando vida a una futura adulta depresiva crónica; cuyos rasgos principales se configuraran en una personalidad, con una profunda mezcla de culpa y rabia interna, que hará crisis ante determinados eventos difíciles de su vida, pudiendo alcanzar su pico más alto en el suicidio; que es una forma en que una depresiva busca escapar a la frustración con la que vive y, de paso, castigar a quienes no supieron amarla correctamente, dejando un reguero de culpa a su alrededor.

Lo que los padres deben entender es que, si bien es cierto que la provisión material es importante, la nutrición relacional, expresada en reconocimiento y valoración (Linares, 2012) es más prioritario; porque los hijos no sólo viven de pan, necesitan ineludiblemente del amor genuino que, debe ser transmitido y practicado eficazmente por sus padres, si quieren garantizar una buena salud psicológica en la vida de ellos. De nada vale que yo como padre ame mucho a mis hijos, si ellos nunca se enteran. Lo más importante no es sólo que los amemos, sino que ellos se sientan amados. Yo no tengo la más mínima duda que los padres de Natalia la aman, pero tampoco me quedan dudas que ella no se siente amada. En algún momento y lugar, el amor de sus padres quedó interferido y bloqueado, haciendo que no llegara hasta donde Natalia. Puedo sospechar que el momento fue cuando contrajeron una deuda financiera que les obligó a trabajar más y les quitó tiempo para con su hija. El lugar de interferencia del amor es ahora su centro de negocios, que es donde pasan casi todo el tiempo, abandonando afectivamente a Natalia, aunque materialmente la asistan.

La recuperación de la adolescente no depende, solamente, por tratarla desde el frente psiquiátrico, con un cúmulo de pastillas que es lo que viene tomando. Ni siquiera se trata de convertir a Natalia en nuestra paciente estrella; porque en verdad el paciente real es la familia toda, principalmente los padres. En ella no se asienta el problema verdadero, este radica en el marco familiar en el que vive. En la forma peculiar de interactuar que ellos tienen, donde la nutrición afectiva que tanto necesita Natalia brilla por su ausencia, y es en ella donde se puede encontrar la raíz de su depresión.

El amor parental sano cumple dos funciones: Nutricias y Socializadoras (Linares, 1996). Desde el TENCA, las primeras implican brindar Ternura, Aceptación y Caricias a los hijos; mientras que la segunda implica brindar Disciplina y Responsabilidad. Son los vínculos sanos del amor que todo hijo necesita experimentar. En el fracaso de dichas funciones, caracterizadas por vínculos insanos de desamor, es donde hunden sus raíces los diversos trastornos de personalidad en la vida de los hijos. Por ello, toda terapia debe enfocarse en restaurar dichas funciones, modificando las pautas relaciones insanas que los padres mantienen con sus hijos, enseñándoles aquellas pautas que sí permiten que el amor de padres llegue a los hijos, sin que se quede estancado por alguna interferencia.

La depresión de Natalia podrá ser superada, en la medida, no en que tome más pastillas, sino en que pueda disolver sus sentimientos de culpa y rabia, provocados por la soledad y el rechazo que ella experimenta; algo que, por su edad, depende más de su familia que de ella. Son sus padres, como también sus hermanos, los que la puedan hacer sentir que la aman, que la acompañan y que la aceptan y que la valoren como ella es. Si antes le exigían mucho estudio, pero le daban poco afecto, ahora tiene que ser al revés; si antes sus padres estaban más preocupados por sus deberes financieros con un banco, descuidando sus deberes afectivos con su hija, ahora tiene que ser a la inversa. Si logramos que modifiquen sus pautas relacionales con Natalia, los síntomas de la depresión irán desapareciendo. Al irse sintiéndose amada y valorada se irán disolviendo las sensaciones de rechazo y soledad, que subyace en la base de su depresión. Así, saldrá de la oscuridad de su tristeza depresiva  a la luz de una alegría esperanzadora.

El desamor nos enferma, el amor nos sana. El primero es un maltrato psicológico, muchas veces invisible, caracterizado por la ausencia de amor, a cuya sombra crecen una gama de personalidades disfuncionales, lo que demanda que el trabajo terapéutico se focalice principalmente en la restauración del amor, genuino y practico, con que un paciente pueda ser redimido.

 

José Baldeón Valdivia

 Psicoterapeuta Familiar

 

Nota: el presente artículo reúne algunas ideas básicas del libro CUANDO EL VIVIR DUELE del mismo autor. https://josebaldeon.com/producto/la-personalidad-depresiva/

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