LA DANZA TÓXICA DEL DESENCUENTRO CONYUGAL
De la cima de la conexión a la sima de la desconexión emocional
Las Relaciones Tanáticas en la vida de pareja
Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja
Toda relación de pareja empieza en la cima de la conexión emocional, pero casi sin darse cuenta, muchas, terminan en la sima de la desconexión emocional. De estar arriba en la cima terminan abajo en la sima. Son dos palabras homófonas que suenan igual, pero que tienen significados diferentes y, a veces, hasta opuestos, como es el caso de cima y sima. Son palabras contrapuestas que fácilmente pueden representar la experiencia conyugal de no pocas parejas que, inician su relación en la cima (cumbre) de una cercanía emocional: sumamente enamorados y terminan en un hondo sima (abismo) producto de un alejamiento sentimental: profundamente distanciados. Pueden seguir casados legalmente, pero se encuentran divorciados emocionalmente.
Todas las parejas empiezan con una alta conexión emocional entre ellos y por eso se casan; pero pasa el tiempo y muchas de ellas, sin darse cuenta y paulatinamente, se van desconectando afectivamente, haciendo naufragar la relación. Empezaron en la más alta cima de una unión emocional y terminan en el más bajo sima de la desunión. Hay, incluso, algunas parejas que se iniciaron súper enamorados y terminan súper resentidos. Parecían que se amaban con locura y terminaron odiándose sin cordura. Iniciaron sin poder estar el uno sin el otro, pero terminaron sin poder soportarse. El principio fue un pequeño cielo de conexión emocional mutuo y el final fue un pequeño infierno de desconexión afectiva recíproca. Pero ¿cómo es que una pareja que empieza tan conectada sentimentalmente y puede terminar tan distanciada con el tiempo?, ¿es solo un tema de tiempo, rutina o están presente otros factores?, ¿qué hace que la barca del amor, que empezó a navegar con buenos vientos, termine envuelta en una tormenta de discusiones y conflictos, que la hagan naufragar?, ¿qué pasa en el camino?, ¿cómo puede ser posible que después de haber empezado súper conectados como enamorados, terminen tan distanciados como esposos?
La respuesta a dichas preguntas tenemos que buscarla en su manera cómo despliegan su vínculo como pareja. Dicha dinámica relacional puede explicarse desde la metáfora de un baile entre ellos. Las actitudes y conductas que asumen uno con el otro son los pasos con que danzan en su relación. Pueden bailar distintas danzas, unas buenas y otras malas para la relación; pero hay un baile enfermizo, muy común y peligroso, que desgasta toda relación. La frialdad afectiva de él y la crítica descarnada de ella, son la principal danza relacional tóxica de la pareja; y, es con dicho baile con que empiezan a desconectando emocionalmente. Es indudable que, puede haber diferentes motivos por el cual una pareja llega a la desconexión emocional, pero el principal de todos es la ausencia de caricias o la frialdad afectiva de uno o ambos cónyuges. Empezaron en un círculo armonioso de mucha afectividad de él y mucha admiración de ella, pero sin darse cuenta terminan entrando en el circulo vicioso de la desafectividad de él y la descalificación de ella. Él es frio porque ella lo critica y ella lo critica porque él es frío. Esa es la danza tóxica que los a desconectado afectivamente. Ambas conductas se nutren mutuamente en una danza mortal con la que pueden ir lapidando la relación, si es que no cambian de baile a tiempo.
Luis y Luisa son una pareja que llegan a mi consulta queriendo separarse después de 10 años de matrimonio. Ella es quien ha pedido la separación, pero no porque ya no ame a su esposo o ya no quiera estar con él, sino porque siente que él se ha vuelto frio y distante con ella, metido en su propio mundo; expresa que: “siento que tengo un buen padre para mis hijos, pero ya no tengo un buen esposo para mí”. Por otro lado, él se queja que ella siempre lo anda criticando y tratando de cambiar; y para no pelear, opta por distanciarse. Sin darse cuenta han quedado atrapados en la danza enfermiza de la desafectividad de él y la crítica de ella, hiriendo la relación. Ambos pasos de baile, si es que no produce el rompimiento de la relación, puede, primero, introducirlos en una danza crónica de mutua agresividad: él con su frialdad y ella con sus críticas, para después terminar en un amurallamiento pasivo donde cada uno se atrincherará en su propio mundo y se mostrará indiferente con el otro. Han cambiado de baile, pasando de uno abiertamente agresivo a otro sigilosamente pasivo, pero sin salir de danzas enfermizas. Se encuentran agotados psíquicamente de bailar así, habiendo entrado en el territorio de la desconexión emocional como pareja.
Eso era lo que les estaba pasando a Luis y Luisa, como también les pasa a muchas parejas: el enfriamiento afectivo y distanciamiento emocional en la relación; actitud que es iniciada y más típico en los esposos que en las esposas. Se caracteriza por una mezcla de rechazo afectivo e indiferencia pasiva; con lo cual se entra en lo que llamamos la danza enfermiza del desencuentro conyugal. Al inicio de una relación toda pareja experimenta una alta conexión emocional, lo cual no solo comprende un componente afectivo de “sentirme enamorado(a)”, que lleva a expresar muchas caricias, sino también un componente volitivo de “decido estar siempre disponible para mi pareja”, que es una muestra de ternura. Ambas actitudes, Caricias y Ternura, son dos vínculos sanos de amor que se constituyen en el mayor cimiento que sostiene toda conexión emocional. La Ternura se expresa en estar yo siempre disponible para al otro(a); inclusive, con una cierta dosis de sacrificio; y las Caricias son gestos y elogios con los cuales tocamos el alma del ser amado/a. Son las dos formas más sublimes de expresar amor genuino. Se comprueba que al inicio de toda relación sentimental sobran la Ternura y las Caricias, pero con los años pueden empezar a escasear; aunque no es por causa del tiempo, sino por actitudes o bailes insanos que se dejan entrar en la relación.
En la etapa de enamoramiento, ambos miembros de la pareja, se expresan Caricias y Ternura, mostrándose afectuosos y disponibles uno para con el otro, no importándoles el esfuerzo que tengan que hacer. Ambos se sienten conectados al sentirse acariciados y al saber que uno puede contar con el otro y viceversa, casi de manera incondicional: si uno necesita algo, el otro está siempre dispuesto a poder suplirlo; si a todo ello se le suma las muestras de afecto sinceros y delicados, se cuenta con los dos factores claves para iniciar y mantener una conexión emocional saludable en la pareja.
En muchos casos, la principal queja de una esposa es que su esposo es frío y distante, vive metido en su propio mundo donde ella siente que no tiene cabida. Experimenta un profundo sentimiento de abandono afectivo, aunque materialmente pueda sentirse atendida. Aparentemente él no es violento, porque nunca la insulta, ni la trata mal verbalmente; aunque, sin darse cuenta, la maltrata psicológicamente, porque ella no se siente atendida ni protegida, ni valorada por él. La esposa se siente rechazada, “casi nunca me toca y si lo hace es solo porque quiere satisfacerse sexualmente” me dicen varias de ellas; incluso, pueden llegar a percibirse que no existen para su esposo. Todo eso no hace más que revelar la presencia de una violencia invisible contra la esposa; pues la peor soledad no es el estar sin la compañía física del otro, sino estar con alguien que nunca te toca y que te hace sentir que no existes para él o ella.
No hay peor tortura para un ser humano que sentirse invisible, delante de la persona que ama y no hay peor violencia psíquica que estar al lado del ser amado/a y nunca ser acariciado por él o ella. Lo opuesto del amor no es el odio, es la indiferencia, expresada en desafectiividad, por eso hasta una canción dice: “Ódiame por piedad yo te lo pido… odio quiero más que indiferencia”; porque en el odio yo aún éxito para el otro, pero en la indiferencia dejo de existir para él o ella. El amor es Ternura, porque respondo ante la presencia y necesidad del otro(a); pero el desamor es indiferencia, porque lo invisibiliza. Ni siquiera el odio, sino la indiferencia es el peor maltrato psicológico que se le puede imprimir a una persona a la que un día se le dijo amar.
Volviendo al caso de nuestra pareja, Luis y Luisa, ella se queja de la indiferencia afectiva de su esposo y este se queja de la irritabilidad de su esposa. Ambos han entrado en el territorio de la agresión mutua; ella de manera explícita con sus críticas y él de forma implícita con su desafectividad. Lo peor es que ninguno de ellos se percata que, ambas actitudes insanas se alimentan mutuamente en uno y otro. Al ser él frio e indiferente produce que ella se irrite más, lo que a su vez lleva a él a acentuar su indiferencia, empujando a ella a más irritabilidad. Han entrado en la danza de un círculo vicioso de nunca acabar que, paulatinamente, irá socavando las bases de su relación; a menos que uno de ellos detenga el baile y esté dispuesto a cambiar de paso. Hay que cambiar la indiferencia con Ternura y las críticas con Caricias verbales.
El otro gran factor que conspira contra la conexión emocional de la pareja es la herida de rencor que se va anidando en el alma de uno o ambos cónyuges, producto de sus danzas enfermizas. Muchas veces dicho rencor es consecuencia de su danza crítica o su baile desafectivo en el que viven. En el caso de Luis, él guardaba mucho rencor en contra de Luisa, porque al principio de la relación ella lo trató muy mal, comparándolo con un ex al que aún no terminaba de olvidar; hasta en cuestiones íntimas, ella lo comparó. Eso dejó una herida en el ego de Luis que, en su machismo, no podía perdonar a pesar de que ella se lo había pedido en reiteradas veces. Él decía que sí, pero en el fondo todo hacía indicar que Luis no lo había podía superar y, tal vez, su manera de vengarse inconscientemente era maltratándola con su indiferencia; lo que a su vez iba nutriendo una decepción que se iba convirtiendo en rencor en el corazón Luisa y que al final terminaría de expresarse en irritabilidad. Así es como ambos venían hundiendo su relación en el pantano del rencor.
No hay mejor sepulturero para enterrar un gran amor que el odioso rencor que va echando raíces en el alma de los cónyuges, por vivir en danzas enfermizas. Empezaron enamorados en la cima y terminaron resentidos en la sima. Trocaron un bonito sentimiento en un feo resentimiento. El rencor terminó convirtiéndose en la gran muralla que se levanta entre la pareja, llegando a consumarse con la desconexión emocional. Pero, las parejas se llenan de rencor no porque tengan diferencias, sino porque no saben manejar sus discrepancias y se tratan mal. Se faltan el respeto y se agreden haciendo brotar en ellos raíces de amargura que irán convirtiéndose en grandes resentimientos, con los que irán cavando la tumba de su relación. ¿Qué hacer frente a todo ello?, ¿se puede recomponer un matrimonio herido y desconectado?, ¿se puede salvar la relación, aún a pesar del desgaste? Siempre es posible si ambos están dispuestos. Pero, sea que vuelvan o no a ser pareja, es necesario que ambos aprendan a perdonarse, por ellos mismos y por los hijos que tengan; de lo contrario seguirán atados por el rencor, el cual contaminará tóxicamente todas sus relaciones futuras, tanto con la nueva pareja como con los hijos de hoy.
Es necesario que en ese proceso de sanidad ambos tomen conciencia de cómo es que llegaron a esa condición de desconexión y reparen en las heridas que mutuamente se infligieron. Es necesario que aprendan a pedirse perdón correctamente y, sobre todo, sepan perdonarse. Lo mejor es hacerlo delante de un consejero o terapeuta que los guíe en el proceso, haciéndolo cuidadosamente para que resulte exitoso; porque si la terapia del perdón no se hace de manera apropiada, puede dañar más la relación en lugar de restaurarla. Se tiene que entender que solo limpios de toda amargura, la pareja estará en capacidad de iniciar una nueva relación; entre ellos o con otras personas, de manera mucho más saludable.
El perdón, tanto pedirlo como saber darlo genuinamente, es profundamente terapéutico en todas relaciones humanas de convivencia y mucho más en la vida de pareja. La relación conyugal se enferma no necesariamente porque siempre pelean, sino porque nunca se piden perdón o no saben hacerlo de la forma correcta. El orgullo es incapaz de pedir perdón, de hecho, es el más grande enemigo de la relación. La humildad es el gran aliado para este proceso, porque nunca regatea pedir o dar perdón. Está más preocupado en salvar la relación, que en tener la razón. No hay abismo de desconexión emocional tan profundo, en que haya caído el amor de pareja, que el perdón genuino no pueda rescatar. Aunque el perdón no necesariamente significa reconciliación, es una de las expresiones más altas de amor que revela la sanidad y madurez con que toda persona debe transitar en esta vida.