LAS DOS GRANDES COLUMNAS QUE SOSTIENEN UNA RELACIÓN DE PAREJA SALUDABLE
Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja
Las relaciones humanas en general son difíciles, la vida en pareja puede serlo más. Hay pocas relaciones que son estables y sólidas, la mayoría en cambio, son inestables y frágiles. Ante estas realidades opuestas nos preguntamos: ¿cuál es la razón por la que a unas les vaya bien y a otras les va mal? Existen parejas por las que casi todos apostaban que les iría mal y les fue bien; en cambio, vemos otros cónyuges que parecían ser la pareja perfecta y les fue muy mal. Eso, debe hacernos reflexionar en que el éxito de una relación no puede ser un asunto del azar o del destino; creemos que es un tema de decisión, de voluntad, se trata de respetar principios y cumplir tareas que la vida conyugal demanda.
Todas las parejas, al dar el paso del matrimonio o la convivencia, deberían tomar plena conciencia que hay dos grandes tareas que, en adelante, ambos deberán cumplir desde el inicio de la vida en común; para que la relación funcione como tal. Sin embargo, no son pocas las que inician una vida conyugal sin tomar conciencia de dichas tareas; o peor aún, son flojas y hasta negligentes en cumplirlas. El día de su boda, como en casi todas, se hizo referencia a dichas tareas y prometieron cumplirlas; pero claro está que, lo hicieron más con la emoción que con la razón. Pronto pasa la emoción y olvidan su promesa. Son conscientes de que la convivencia tiene derechos y deberes, pero la mayoría solo quiere vivir en lo primero; disfrutando de los privilegios de la vida conyugal, sin asumir las responsabilidades que dicha unión demanda. Dentro de esos deberes está el cumplir estas dos grandes tareas claves que, permitirán consolidar la relación de pareja.
La religión cristiana y la psicología sistémica, coinciden en señalar cuáles son estas tareas. La frase bíblica que se lee en las bodas dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24. RVR1960). En esta frase hay dos verbos donde se encierran las dos grandes tareas que tienen que cumplir los que se casan; ninguno de ellos tiene que ver con la emoción, sino con un acto de la voluntad. Todo verbo denota una acción, nunca una emoción. El verbo “DEJARÁ” nos señala LA TAREA DE LA SEPARACIÓN y el verbo “UNIRÁ” nos indica LA TAREA DE LA UNIFICACIÓN. En otros términos, pero en el mismo sentido la visión psicológica confirma ambas demandas.
Parte de la madurez de una persona es cortar el cordón umbilical con la familia y aprender a diferenciarse de ella, como parte de su salud mental (Bowen, 1991). La SEPARACIÓN no implica romper vínculos ni distanciamiento emocional con los progenitores, sino quebrar toda dependencia emocional y, sobre todo, a la hora de casarse implica un CAMBIO DE PRIORIDAD. Antes, mis padres eran lo primero, ahora lo es mi cónyuge. A ambos los amo, pero hay un orden de prioridades; si entran en conflicto, buscando la paz y la armonía, debo poner a mi pareja por encima de mis padres. Incluso, ella está por encima de los hijos que podamos tener. Alterar este orden, incumpliendo esta tarea, es abrir grietas en la barca de relación, pudiendo llevarla a naufragar.
La tarea de UNIFICACIÓN no se puede lograr si es que no vamos cumpliendo la primera tarea, la de separación. Hay que desconectar la prioridad con unos para poder conectar bien con otros. Esto se logra, además, asumiendo una ACTITUD DE EXCLUSIVIDAD, en el sentido de que decido compartir todo lo que soy y lo que tengo de manera exclusiva con quien es mi pareja. Esta es una visión chocante para la época posmoderna en la que vivimos, donde se nos vende la narrativa “cada uno de los miembros de la pareja tiene que tener su espacio”. Eso es un mito, fruto de la cultura tóxica del individualismo que contamina nuestro tiempo, la cual conspira contra toda unidad relacional, e impide la integración sana de una pareja. Así, se incita a permanecer en el YO y en el TÚ y nunca ser capaces de construir el NOSOTROS (Real, 2022). No se trata de abandonar nuestro Yo ni dejar de ser lo que somos, algo que sucede en los amantes dependientes, los cuales, si se sumaran uno más uno el resultado seguiría siendo uno (sinergia negativa); se trata de complementarnos con otro Yo, pero para crecer, y, así, al sumar uno más uno el resultante sería dos o más (sinergia positiva). Sin perder su identidad individual, sean capaces de complementarse, edificando una unidad conyugal.
Lo que enseña el paradigma cristiano converge exactamente con lo que las investigaciones psicológicas revelan; los términos pueden variar, pero el contenido es el mismo. Gottman, uno de los más grandes investigadores de la ciencia de la pareja, desde su Laboratorio del Amor, ha señalado que la vida de pareja es como una casa en la que las dos grandes columnas que la sostienen son el COMPROMISO y la CONFIANZA (Gottman, 1999). Son los dos principales nutrientes de una conyugalidad saludable. El Compromiso no es otra cosa que cumplir la tarea de Separación, poniendo al cónyuge como prioridad sobre los demás. La Confianza está relacionada con la tarea de la Unificación, que implica exclusividad, porque no se puede lograr ninguna unidad en una relación sin el pegamento de la confianza. El compromiso es respetar, cuidar, atender, aceptar y valorar a mi pareja por encima de los demás. La confianza implica desnudar mi alma, así como desnudo mi cuerpo, delante de él o ella sin que tenga nada que ocultar, todo se comparte sin secretos, pero solo con él o ella de manera exclusiva. No puede haber otra persona con la que me abra más y le tenga mayor confianza que mi pareja. Por lo tanto, el desafío es construir una muralla de exclusividad en la intimidad conyugal, sin que nada ni nadie puede corroer esos muros (Glass, 2007); la única privacidad que uno puede guardarse es la historia vivida antes de casarse, mientras no afecte para nada el presente. Eso puedo contarlo o reservármelo.
Prioridad y exclusividad son las demandas que deben asumirse decididamente como resultado de ir cumpliendo la tarea de separación y unificación respectivamente. La tarea de separación no se puede lograr si no hay un cambio de prioridades y ello no se puede obtener sin asumir un compromiso. La unificación no se puede alcanzar si no hay una actitud de exclusividad y ella no se puede lograr sin desarrollar confianza. Parejas flojas o negligentes en el cumplimiento de sus tareas, harán naufragar la barca de su relación. Parejas capaces de levantar las columnas de Compromiso y Confianza, cumpliendo las tareas de Separación y Unificación, manteniendo la Prioridad y la Exclusividad, podrán edificar un matrimonio sólido y estable; garantizando, así, la salud emocional de ellos y de sus hijos.