LOS 5 RASGOS INTELIGENTES DE LAS FAMILIAS ALTAMENTE SALUDABLES

Por JOSÉ BALDEÓN
Psicoterapeuta Familiar & Pareja

Stephen Covey escribió un libro sobre “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” (1983), yo les presento este artículo sobre los cinco rasgos inteligentes de las familias altamente saludables. Necesitamos ser no solamente altanamente eficaces como personas, sino también como familias. Si ella puede ser saludable, entonces, puede garantizar que los hijos que crezcan en su interior lo sean también. Se habla mucho de familias disfuncionales, es decir, de familias que no funcionan bien como tales. Por ahora, no queremos hablar de cómo son ellas, más bien deseamos referirnos a cómo son las que funcionan bien; invitándoles, al mismo tiempo, a que podamos seguir ese modelo.

Una familia con rasgos inteligentes es una familia altamente saludable, porque no sólo es aquella que permite a sus miembros sentirse bien en su interior, sino que también les permite crecer y ser mejores personas. La inteligencia de una familia se expresa en cinco rasgos principales, que denotan lo funcional y saludable que es ella. Veamos, púes, cada uno de estos rasgos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL: es un concepto propuesto por Daniel Goleman (1995) y que está relacionado con el manejo de las emociones, expresada en la capacidad de saber tomar conciencia y gobernarlas apropiadamente, sin dejar que nos controlen ni nos desborden. El rencor, la irritabilidad, el miedo, los celos, entre otras, son emociones distorsionadas que contaminan la atmósfera familiar, generando conflictos y distancias al interior de ella. En familias donde imperan los gritos hay carencia de inteligencia emocional. Ella tiene dos herejías principales que son: la represión y la explosión. El primero lleva a ocultar las emociones, pudiendo auto-agredirnos; mientras que el segundo, consiste en expresarla descontroladamente, pudiendo agredir a los demás. Tener conciencia y control sobre las emociones, sin reprimirlas ni explosionarlas, sino expresándolas asertivamente es la clave de un clima emocional de una familia saludable.

INTELIGENCIA SOCIAL: está relacionado con el buen manejo de sus vínculos, asociado al aprendizaje de habilidades sociales para saber relacionarse sanamente unos con otros. Difícilmente se hieren, por el contrario, se nutren afectivamente. Tienen la capacidad de desarrollar vínculos sanos y equilibrados al interior de la familia, de tal manera que sus miembros, especialmente los hijos, experimenten sentimientos de pertenencia y autonomía; es decir, se sientan acogidos y amados al interior de su familia, pero al mismo tiempo no se sientan asfixiados por el exceso de control de ella, sino que se les brinda espacios de libertad que le permitan tomar ciertas decisiones y aprendan a valerse por sí mismo. Hay dos herejías o extremos que se deben evitar: interacciones aglutinadas, que atentan contra la autonomía; e interacciones desligadas, que atentan contra el sentimiento de pertenencia. Una familia saludable será capaz de crear una atmósfera social donde se respire, de manera balanceada, sentimientos de pertenencia y autonomía. Está relacionada con la inteligencia interpersonal propuesta por Howard Gardner (1983) en sus inteligencias múltiples. Implica también que desarrollan la capacidad de hacer contactos y retiros apropiados (Perls,1976); es decir, habilidad para iniciar una relación, pero también capacidad de tomar distancia cuando la relación se vuelva insana.

INTELIGENCIA ESPIRITUAL: está relacionada con el manejo de la Trascendencia e implica que sus miembros están comprometidos con un ideal, un significado o propósito de vida que va más allá de lo material y pasional. Vivimos en una sociedad consumista y hedonista, creemos que cree que la felicidad se encuentra en Tener antes que Ser; pero debemos entender que, no está en los bienes materiales que acumulemos ni en los placeres pasionales que experimentemos. La realización humana plena no se encuentra ahí. La espiritualidad no se reduce a una experiencia religiosa, es mucho más que eso. Implica estar por encima de los apegos materiales y goces instintivos. Hay, por lo menos, cuatro aspectos vitales en las que debemos transcender:

Trascender en relaciones con una conexión especial con Dios

Trascender al dolor del sufrimiento, dotándolo de un sentido y un significado

Trascender a apegos de personas y cosas de este mundo, sintiéndonos libres y en paz al caminar en esta vida.

Trascender a instintos y pasiones bajas para comprometerse con ideales altos.

 

La espiritualidad es buena, porque nos desconecta de los apegos materiales que nos hacen sufrir y nos conecta con valores trascendentes que no dan paz. Nos inhibe de vivir solo para placeres corporales, para también buscar satisfacciones trascendentales. Pero las dos grandes herejías de la espiritualidad son la religiosidad moralista (todo es pecado) y el misticismo mágico (todo lo controla Dios). Todo eso lo aprendemos básicamente al interior de la familia. Los seres humanos siempre vamos a creer en algo o en alguien, a lo cual podemos apegarnos. Nuestro dios puede ser el dinero, la fama, el poder, la profesión, etc o todo aquello al cual yo rinda pleitesía; y todo eso se aprende al interior de la familia. El dios que tengamos nos demandará un estilo de vida y un camino a seguir; por ejemplo, si es el Dios del cristianismo Él nos pide una determinada forma de pensar y ser; y una familia saludable puede converger alrededor de sus enseñanzas, haciendo que ellas los una más y vivan de acuerdo a esos principios.

INTELIGENCIA MORAL: está relacionada con el manejo de los valores y tiene que ver con unas normas y principios éticos a los que se sujetan los miembros de una familia. En la medida que los valores sean positivos y claros, se trasmitan adecuadamente y se viva de acuerdo a ellos, será una familia saludable. Pero la moral asociada a la normatividad tiene dos herejías: la hipernormatividad, que consiste en imponer y exigir altas normas o la hiponormatividad, que es cuando se es relajado o no se enseña apropiadamente las normas. Todo es un equilibrio y el mejor maestro para enseñarlo es el ejemplo.

INTELIGENCIA COMUNICACIONAL: está relacionado con el manejo del lenguaje y es la capacidad de usar las palabras apropiadas y correctas al interactuar con los demás; porque con nuestras palabras podemos bendecir o maldecir a los otros. Ellas pueden herir o pueden sanar, según cómo la usemos. “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios es medicina” enseña el Rey Salomón (Prov.12:18); por eso las palabras pueden herir como la espada o pueden sanar como una medicina. Una familia saludable es aquella capaz de mantener un dialogo alturado, aun, en medio de las discrepancias. Sabe diferenciar entre un lenguaje tóxico y otro nutritivo. El primero está cargado de críticas y agresiones, mientras que el segundo está lleno de elogios y afectos. Las palabras no solo pueden herir o sanar, también ellas pueden crear realidades; porque “La vida y la muerte están en poder de la lengua, el que la ame, comerá de sus frutos” (Prov.18:21). Una familia saludable no usa el lenguaje para maltratar, sino para reconfortar.

José Baldeón Valdivia

Psicoterapeuta Familiar

Shopping cart
Sign in

No account yet?

Start typing to see products you are looking for.
Seleccione su moneda
Shop
0 items Cart
My account